EL DULCE QUE NUNCA TERMINA

Por Psic. Hugo Bárcenas.

La bulimia es un trastorno de la conducta alimentaria que encadena a quien lo padece. Pero ¿Qué hay que saber de este padecimiento? ¿Solo la padecen las modelos o personas que viven de su físico?

 

La realidad es que no, la bulimia afecta cada vez a más mujeres donde las adolescentes son la población más vulnerable.

 

Las jóvenes involucradas en este padecimiento van desde los 10 años hasta los 35 años de edad aproximadamente. El origen de esta padecimiento, tiene que ver las necesidades emocionales que no se cubren en la infancia, pero también, con la presión social hacia un estereotipo de mujer cada vez más delgada.

 

Se ha observado que es la madre con quien se tiene un mayor conflicto, ya que ella deposita en la joven los anhelos frustrados de lo que deseaba haber sido y le restringe cualquier rasgo de independencia y autovaloración a la joven, reprochándole las cosas que no “hace bien” cuando no se comporta como desea ella.

 

Pero ¿Por qué específicamente con la madre y que rol juega el padre en la participación al desarrollo de este trastorno?

 

La imagen se transforma en el refugio emocional de estas jóvenes donde la exigencia de los padres es tanta, que la manera de liberarse es por medio de la comida, rechazando la presión familiar que le exige ser perfecta.

 

El mal manejo emocional de la joven es originado al tratar de agradar y sentirse valiosa, y la aceptación de los padres es indispensable para poder sentirse bien, pero al tener unos padres tan demandantes, lo convierte en un círculo de la muerte, porque haga lo que haga siempre le exigirán más y más, usando el vómito para liberarse de esas emociones que se le atoran en la garganta y que no puede admitir o reconocer.

 

Cada vez que se le exige más, se produce una emoción exacerbada y está es el detonante para el atracón de comida y la purga.

 

El padre generalmente ocupa un papel pasivo donde lo que hace es ceder a los caprichos de la esposa para no verse involucrado en discusiones donde generalmente sale perdiendo y permitiendo que en la joven se deposite la carga emocional destructiva de la madre.

 

Pero la culpa del padre juega también un papel importante en este círculo neurótico, ya que compensa a la hija por esa pasividad en la relación familiar, con dulces y regalos.

 

El conflicto ambivalente de la joven donde por un lado tiene a una madre que le exige ser perfecta para poder ser aceptada y por otro a un padre que la complace y la llena de dulces y regalos. 

 

¿Y qué conclusión podríamos sacar de esta situación?

 

Cuando se interactúa con estas jóvenes, es indispensable proyectarles autoconfianza y enseñarles que no son responsables de la interacción conflictiva de sus padres, dejandoles que ellos solucionen sus problemas.

 

Se le puede apoyar con el solo hecho de escucharla y admitiendo esas emociones que la consumen y que sus padres niegan para poder evitar cualquier confrontación con sus propias emociones.

 

Hacer consiente ese problema y salir del estereotipo de que son personas superficiales es el primer paso para hacer conciencia en la sociedad y saber que cualquiera puede ser víctima de ese dulce placer que termina con sus vidas lentamente.

Top