Si inicias el año con una pérdida

Todas las personas, independientemente de la posición socio-económica, religión, edad, género, etc. estamos destinadas a tener una pérdida de un familiar, una pareja, una mascota incluso.

El miedo, el dolor, el enojo y otros afectos ante la pérdida, son parte del riesgo de construir relaciones cercanas e íntimas, necesarias para nuestra vida y nuestro desarrollo.

Al proceso de asimilar una pérdida significativa se le llama duelo y aunque este puede conllevar un conflicto interno, no significa que sea algo malo.

Cuando la persona ya no está, si esta era muy cercana y figuraba en un lugar muy importante de nuestra vida, es entendible que el mundo y la dinámica de la vida, cambie de manera profunda.

Por ejemplo, si la pareja con la que vivíamos ya no está, y solíamos despertar con ella, planear cosas, resolver problemas juntos, es comprensible que notemos su ausencia, que nuestros proyectos cambien, que los problemas ya no se resuelvan igual. Esto hace que la pérdida sea insustituible, porque las cosas ya no serán iguales.

Lo anterior requiere que la persona que experimenta el duelo, reorganice su mundo y su posición ante él, aceptando la ausencia de la persona, lo cual no es un reto fácil, pues pone a prueba nuestros recursos emocionales, personales y relacionales para aceptar la separación del ser querido y dejarle ir.

Va a influir mucho en la superación del duelo, el capital emocional y cultural de la persona y su estilo de vida antes de la pérdida. Por ejemplo, si la persona hacía ejercicio, realizaba cosas que le agradaban, tenía relaciones sociales fuertes con otras personas, realizaba proyectos personales, etc. va a tener una mayor fuerza para aceptar la situación y salir adelante.

Si por el contrario, la persona se la pasaba trabajando, no cultivaba sus relaciones interpersonales, se sentía frustrada, no expresaba sus emociones, etc. una pérdida se vuelve más difìcil de gestionar y asimilar. Puede negar o no aceptar la pérdida o quedar sumergida en el dolor por tiempo excesivo (mayor a 6 meses), lo que puede llevar a que se aisle, sea irritable, ponga en riesgo su trabajo, desarrolle o agudice alguna adicción, etc.

La psicoterapia puede ser una herramienta útil para darle significado a la pérdida, a la ausencia, a las emociones que esta genera, a ver las cosas que se han podido hacer bien para resistir y las que se requiere empezar a hacer para que la pérdida no se vuelva demasiado pesada.

Aun cuando se tenga un buen capital emocional y cultural (trabajo, familia, amistades, experiencias, conocimientos, salud, etc.), la separación o la muerte puede llegar a exceder las posibilidades de respuesta psicológica disponibles.

 

Por otro lado, hay personas que pueden salir bastante bien con sus recursos personales. Sin embargo, la población mexicana, se caracteriza por evadir circunstancias estresantes y acudir a atención cuando el malestar ya está demasiado avanzado y no hay otra opción que buscar ayuda o atención y en estos casos, el pronóstico no siempre es bueno.

 

Por lo anterior, si tu has vivido alguna pérdida reciente o una que a pesar del tiempo no sana, no esperes a que él malestar crezca y se vuelva inmanejable. Levanta la mano y pide ayuda. Seguro habrá alguien que te pueda orientar; en la actualidad hay muchos recursos disponibles como la Internet, libros, películas, etc.

 

Si quieres saber más, consulta:

 

* Boss, P. & Carnes. "El mito del cierre". Family process, 2012, X 1-16.

 

*Cáceres, P., Manhey & Vidal. "Separación, pérdida y duelo en la pareja: reflexiones imprescindibles para una terapia de divorcio". De familias y terapias. Agosto 2009, 27, 41-60.

 

* Payás, A. "Las tareas del duelo". Barcelona: Paidós.

 

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